domingo, 18 de septiembre de 2016

Finalistas del XIII Premio Setenil 2016

El jurado del premio Setenil decidió la semana pasada la lista de los candidatos que optarán a los 10.000 Euros del premio. Este año, el equipo deliberativo que ha capitaneado Eloy Tizón, parece que no se ha dejado llevar por la sonoridad (es decir, importancia) de los nombres de los autores o las editoriales. Es la sensación que da al ver los libros finalistas. Otros años, si repasamos las decisiones de jurados anteriores, uno podía intuir por dónde irían los tiros y no se equivocaba mucho: la mitad de los finalistas o más eran de Menoscuarto y Páginas de Espuma, otros dos o tres eran escritores muy consolidados y sólo había uno o dos de los llamados "convidados de piedra": autores desconocidos que ponían la nota de color.

Por eso me congratula encontrarme este año con un pronóstico tan abierto. Esto anima a los que pertenecemos a este último grupo de "autores de color". No sé quien ganará, pero como me gusta meterme en charcos, apostaré por un nombre de mujer: Elena Alonso Frayle, Sara Mesa o Cristina Peri Rossi. Pero esta será tarea del jurado, que dará su veredicto a finales de octubre.

Estos son los finalistas. Suerte a todos.

1.- "Cambios de última hora", de Elena Alonso Frayle (Baile del sol); 2.- "Como meteoritos", de Alejandro Amelivia (Talentura libros); 3.- "Relatos americanos", de Saljo Bellver (Sala 28); 4.- "Manual de autoayuda", de Miguel Ángel Carmona del Barco (Salto de Página); 5.- "Signor Hoffman", de Eduardo Halfon (Libros del Asteroide); 6.- "Mala letra", de Sara Mesa (Anagrama); 7.- "Los amores equivocados", de Cristina Peri Rossi (Menoscurato); 8.- "Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino", de Diego Sánchez Aguilar (Balduque); 9.- "La chica de los ojos manga", de Jose Antonio Sau (La Isla de Siltolá); 10.- "De este pan y de esta guerra", de Jesús Zomeño (Contrabando).

lunes, 29 de agosto de 2016

La vida en espiral


Dentro del Desván de la Casa Usher hay una estantería formada por libros de autores españoles poco conocidos, o al menos, no lo suficiente. Como si estuvieran condenados a seguir en el anonimato o en un lugar poco visible, los vi justo encima de las cajas de libros descatalogados, raros e inencontrables, (salvo para los ratones de biblioteca, claro). Tuve que apartarlas y subirme a una escalera de cinco peldaños y escorarme hacia la izquierda, con severo peligro para la elasticidad de mi columna vertebral, sobre todo a mi edad, que ya no soy un niño. Aún así, pude revisar los volúmenes que lo componían, hasta toparme con “Exabruptos y sutilezas”, de José Navarro; “Aislin: sinfonía de fantasmas”, de Guillermo Galván; “Los muertos, los vivos”, de Beatriz Olivenza; o “La fuente de Orfeo”, de Santiago Miralles. Y cerrando esta colección, justo en la parte más alejada de la vista y el tacto estaba “La vida en espiral”, de Juan Carlos Palma.

En seguida me llamó la atención el apellido, el mismo de un escritor al que admiro (venero, más bien) desde los tiempos en que me inicié en el mundillo de los concursos literarios. Félix J. Palma, desde su Sanlúcar de Barrameda, lo ganaba casi todo por aquellos años, mucho antes de que se hiciera famoso con la trilogía victoriana compuesta por las novelas “El mapa del tiempo”, “El mapa del cielo” y “El mapa del caos”. Como si estuviera atrapado por alguna de las tramas de los inquietantes relatos suyos contenidos en "El vigilante de la salamandra"“Las interioridades” o “Los arácnidos”, me vi oculto entre las cortinas del dormitorio de Félix mientras era testigo de cómo Juan Carlos le robaba su identidad y a su mujer; o sacando de la bañera los cadáveres que Félix introducía en cada escena para vengarse de Juan Carlos y cargarle a él las culpas.

Fueron pequeños flashes instantáneos, delirios maliciosos que construyen las lecturas y la simple asociación de dos nombres con un apellido común. No parecía ser el único que experimentó tal sensación, pues al abrir “La vida en espiral” (y una vez bajado de la escalera, por si acaso), repasé sus páginas y encontré un documento que el dueño anterior  había conservado con el libro. Era la carta de pedido a una librería de Jerez, que incluía “La vida en espiral”, una petición de autógrafo por parte del autor y la aclaración de una duda: si Juan Carlos tenía algún parentesco con Félix, pues Jerez de la Frontera y Sanlúcar de Barrameda no andan muy separados cuando hay un apellido no demasiado extendido que podría unirlos. Vaya, me dije sonriendo, así que la duda no sólo la tengo yo. El anterior dueño del libro no sólo conservaba ese documento sino también un pequeño comentario de la novela, que procederé a copiar tal y como lo escribió en su día.

Dice así:
"Andrés, un escritor frustrado, se encarga de asesinar a Joaquín Barberá, un escritor de éxito, de la misma generación y amigos desde la infancia. Ya en la página 40 se produce el desenlace que se buscaba: el famoso escritor aparece muerto por su propia mano, todo hace indicar que se ha suicidado y a partir de ahí comienza la verdadera trama porque  en la huida el protagonista se lleva el manuscrito de la novela inédita de Joaquín Barberá. En ella aparece  un personaje llamado Jaime, que en la novela inédita aparece como amante de Joaquín; y Andrés, el protagonista, decide asumir el papel ante la viuda. A partir de esta decisión todo comenzará a cambiar en la vida del protagonista, que se verá envuelto en una peligrosa espiral de mentiras e identidades paralelas a varios niveles: implican a Maite, la viuda, a la banda que le propuso el trabajo, a su vida personal y a él como escritor frustrado.
A lo largo de la novela, el autor hace referencia de forma recurrente al cine (bien para servirse de él en las metáforas o para aportar títulos que encierran claves similares a las utilizadas para diferentes escenas de la novela). Éstas son sólo algunas de las películas que nombra: Espartaco; Psicosis; La ley del hampa; Días de vino y rosas; El abrazo de la muerte; Los miserables; Ladrón de bicicletas; Laura; Ángel o Diablo; El cielo puede esperar; El hombre elefante… En la novela hay también guiños a autores y novelas de la historia de la literatura y pequeñas puyas a ese mundo literario plagado de críticos, editores, escritores fracasados…
Al final, el protagonista acaba sucumbiendo dentro de esa espiral en que todos los personajes andan metidos. No es dueño de su destino aunque él piense en un principio que sí, porque sus deseos se han materializado en el corto plazo y consigue la fama y el reconocimiento del mundo literario. Pero a medida que avanza la acción, más difícil es tratar de huir de las servidumbres que lleva aparejada su identidad impostada.
Juan Carlos Palma intercala el desarrollo de la trama con cartas que escribe el protagonista a una antigua novia (Raquel) a la que cuenta este constante vaivén de sensaciones y aventuras en su vida real e impostada. Lo hace a modo de examen catártico (unas veces para regodearse, otras para buscar consuelo, otras para herir…), pero el conjunto de cartas, leídas a lo largo de la novela viene a ser un resumen muy aproximado de los avatares vitales y emocionales, que vive el protagonista."

Hasta aquí el comentario del anterior dueño del libro. Yo podría haber apuntado otros detalles, por ejemplo, alguna similitud con las novelas “Soy un escritor frustrado”, de J. Ángel Mañas, o “El final de Philip Banter”, del siempre inquietante John Franklin Bardin. Y sobre todo no habría hecho un comentario tan serio y aséptico. Aunque básicamente coincido en su mayor parte con él. Si acaso terminaría apuntando que esta novela ganó el premio de novela negra de la Diputación de Albacete, porque siempre es bueno recordar los premios que un escritor consigue. Y vuelvo otra vez a la primera página del libro para resolver la duda que me intrigó desde el principio. Es una dedicatoria y dice así:

        “Para Javier, para que certifique que la vida es una espiral de casualidades donde Félix J. y Juan Carlos son hermanos, escritores y nacidos en Sanlúcar de Barrameda. En agradecimiento a su perseverancia literaria para con nosotros.”
              14-05-2010           Juan Carlos Palma Macías.



Después de ver su firma sonreí, cerré el Desván de la Casa Usher hasta el día siguiente y me eché a soñar.  

domingo, 17 de julio de 2016

Participantes en el XIII Premio Setenil 2016

Ya hay lista de participantes de la XIII edición del Premio Setenil de libros de cuentos. Este año son 81 los aspirantes a los 10.000 euros del premio que se conocerá a finales de octubre. Pero antes, en septiembre, tendremos la lista de los 10 finalistas, que ya es todo un premio.

Este año el jurado lo preside Eloy Tizón. Supongo que nadie se atreverá a poner el grito en el cielo, como ha ocurrido otros años. En fin, es lo que pasa cuando alguien que cree haber inventado la literatura emite opiniones con pretensión de “Papa de las letras”… (Huy, perdón, he dicho Papa. Eso sería un insulto para ellos, que son tan sabios y tan laicos…). En fin, si no fuera por estos momentos tan divertidos, uno se volvería un amargado como ellos. Ya se sabe, ser conscientes de estar rodeados de tanta mediocridad en torno a su pedestal, debe ser algo muy angustioso. De verdad, lo entiendo. Para estos casos vendría bien un poco de sal de frutas, un remedio muy extendido entre muchos de nuestros escritores bohemios de principios del siglo XX. A ellos les funcionaba.

No sabemos por quién se decantará el jurado este año. Entre tantos autores no faltan candidatos con solvencia: Sara Mesa, Eduardo Halfon, Javier Sagarna, Nuria Barrios, Gonzalo Calcedo (¿será éste, por fin, su año?), Elena Alonso Frayle, Ibán Zaldua, Alberto Olmos, mi maestro Ángel Zapata, Cristina Peri Rossi, Marcos Ordóñez… Y como cada año, cabe esperar alguna sorpresa y la reivindicación de alguna editorial de esas que llamamos “independiente”, pero que llevan años haciendo una labor titánica en la liga de las grandes. Y aquí vuelvo a lamentar, como el año pasado, una ausencia imperdonable: Playa de Ákaba. Aprovecho para recordar a Noemí Trujillo, su editora, que el Premio Setenil es un escaparate gratuito que da mucha visibilidad, incluso fuera de nuestras fronteras. No debería despreciarlo. Confío en que lo arreglará el año que viene.

Ahora toca leer y esperar. Esta es la lista de las obras presentadas por orden de llegada. Suerte a todos.

1.- "Solitario empeño", de Cristian Crusat (Pre-Textos); 2.- "Y no me llamaré más Jacob", de David Aliaga (La Isla de Siltolá); 3.- "Cacahuete", de Darío Vilas (Base); 4.- "La locura de los peces", de Rubén Rojas Yedra (Diputación Prov. de Cádiz); 5.- "Estrómboli", de Jon Bilbao (Impedimenta); 6.- "Corrientes de amor", de Ovidio Parades (Trabe); 7.- "Cambios de última hora", de Elena Alonso Frayle (Baile del Sol); 8.- "La sombra de los artistas", de Manuel Fernández de la Cueva (Diputación de León); 9.- "Quedaron estas cosas", de Mario Camus (Valnera); 10.- "Fuerza menor", de Javier Puche (La Isla de Siltolá); 11.- "Guardar las formas", de Alberto Olmos (Penguin Random House); 12.- "Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino", de Diego Sánchez Aguilar (Balduque); 13.- "La chica de los ojos manga", de José Antonio Sau (La Isla de Siltolá); 14.- "Pequeñas oscuridades y una linterna", de Juan Carrasco de las Heras (Baile del Sol); 15.- "Beber durante el embarazo", de Pablo Escudero Abenza (Baile del Sol); 16.- "Un abrigo con hombreras", de Antonio Paniagua (Baile del Sol); 17 "Tuve que hacerlo y otros relatos", de Carlos Ortega Vilas (Baile del Sol); 18.- "Cien centavos", de César Martín Ortiz (Baile del Sol); 19.- "Signor Hoffman", de Eduardo Halfon (Libros del Asteroide); 20.- "Juegos reunidos", de Marcos Ordóñez (Libros del Asteroide); 21.- "Vente a casa", de Jordi Nopca (Libros del Asteroide); 22.- "Noche de jazz", de Félix Amador (Círculo Rojo); 23.- "Como meteoritos", de Alejandro Amelivia (Talentura Libros); 24.- "Todo es mentira. Y sin embargo", de  Xavier Blanco (Talentura Libros); 25.- "Cicatrices a las once", de Susana García Nájera (Talentura Libros); 26.- "A Celeste la compré en un rastrillo", de Arantza Portabales Santomé (Bululu); 27.- "Vidas mías", de Enrique García Ballesteros (Lupercalia); 28.- "Mala letra", de Sara Mesa (Anagrama); 29.- "Relatos americanos", de Saljo Bellver (Sala 28); 30.- "Miedos", de Alejandro Romera Guerrero (Nova Casa); 31.- "Filtraciones", de Marta Caparrós (Caballo de Troya); 32.- "Materia oscura", de Ángel Zapata (Páginas de Espuma); 33.- "Ocho centímetros", de Nuria Barrios (Páginas de Espuma); 34.- "El cuerpo secreto", de Mariana Torres (Páginas de Espuma); 35.- "Biodiscografías", de Iban Zaldua (Páginas de Espuma); 36.- "Hombres felices", de Felipe R. Navarro (Páginas de Espuma); 37.- "Sueños y desatinos", de Rafa Sastre (ACVF); 38.- "Refugio de mascotas", de Roberto Villar Blanco (ACVF); 39.- "Miradas", de Guido Finzi (ACVF); 40.- "Piernas fantásticas", de Ricardo Reques (Adeshoras); 41.- "Ciudad violeta", de Juan Gaitán (Adeshoras); 42.- "Ven, siéntate aquí", de Guadalupe Royán (Adeshoras); 43.- "La hipocresía de las estatuas y otros relatos perturbadores", de Juan Serrano Cazorla (JSC); 44.- "Percibo ciudad", de Martín Ibarrola (Ikusager); 45.- "Me pillas en mal momento", de Kike Parra (Relee); 46.- "Quedarse solo", de Joaquín Rubio Tovar (El Genio Maligno); 47.- "Almedina", de Javier Guzmán (La Discreta); 48.- "La mujer dálmata", de Loida Díez (La Discreta); 49.- "Hormonautas", de Paz Monserrat Revillo (Nazarí); 50.- "El último vuelo del Microraptor", de Sergi G. Oset (Nazarí); 51.- "Diario de ausencias y acomodos", de Fernando García Calderón (Alfar); 52.- "Manual de autoayuda para suicidas", de Carlos Díaz Cubeiro (Comanegra); 53.- "El cementerio de elefantes", de Ginés Mulero Caparrós (Atlantis); 54.- "Habitantes", de David Gutiérrez (Atlantis); 55.- "Nombres de mujer", de Esther Chinarro (Atlantis); 56.- "Cuentos dementes", de Luis Miguel Muñoz (Atlantis); 57.- "Breverías", de Emy Lázaro (Atlantis); 58.- "El mundo sumergido", de Alonso Guerrero (De la luna libros); 59.- "La tendré que matar", de Nicanor Gil (De la luna libros); 60.- "Cuando la lluvia es solo lluvia", de Salvador Mery Peris (Hades); 61.- "Lo que miran los vagos", de Pedro Sorela (Menoscuarto); 62.- "Nuevas aventuras de Olsson y Laplace", de Javier Sagarna (Menoscuarto); 63.- "Los amores equivocados", de Cristina Peri Rossi (Menoscuarto); 64.- "Las inglesas", de Gonzalo Calcedo (Menoscuarto); 65.- "Manual de autoayuda", de Miguel Ángel Carmona del Barco (Salto de Página); 66.- "Crónicas del encierro", de Izaskun Gracia Quintana (Salto de Página); 67.- "Cambio de rasante", de Víctor Lorenzo Cinca (Enkuadres); 68.- "La Taberna de Bloody Mary", de Gerard P. Cortés (Saco de Huesos); 69.- "Tableaux Vivans", de Javier Navarro (Contrabando); 70.- "Perder ciudades", de Hilario J. Rodríguez (Newcastle Ediciones); 71.- "Lejos de algún lugar", de Jonatan Bosque (Círculo Rojo); 72.- "Los días hábiles", de Pedro Herrero (Serial); 73.- "El vigía", de Diego Marín Galisteo (La Isla de Siltolá); 74.- "Los amores ausentes", de Gabriel Neila (Sial Pigmalión); 75.- "La magia de los imanes", de J. Eduardo Polío Morán (Carena); 76.- "La travesía de los sentimientos", de María Teresa Cervantes (Torremozas); 77.- "De este pan y de esta guerra", de Jesús Zomeño (Contrabando); 78.- "Marero", de José Luis Muñoz (Contrabando); 79.- "Lo que importa es vivir", de Pedro Javier Martínez (Trirremis); 80.- "Estar solo", de Ángel Talián (Cuadernos del Vigía); 81.- "Leña", de José Pedro García Parejo (Maclein y Parker)

martes, 7 de junio de 2016

Entrevista en "El Full"


Reescribo a continuación una entrevista que me han hecho en la revista El Full, publicación semanal del Ateneo Cultural de Onda, sobre la novela El delta interior, que obtuvo el premio de narrativa en su 51ª edición. He considerado esclarecedor incluir algunas preguntas que no me hicieron en la entrevista (y reescribir algunas respuestas que di) para dar más información sobre la novela. No trato de enmendar a nadie, en todo caso a mí mismo.
Espero que me disculpen en El Full, a quienes por supuesto agradezco mucho su interés y dedicación.


¿En qué te inspiraste para escribir esta obra?
Fue un cúmulo de cosas que me fueron contando mis abuelos de Granada. Ellos me contaban cómo era la vida en aquella época. La historia transcurre desde los años 20 del pasado siglo hasta el comienzo de la guerra civil, en un pueblo de la España profunda. Ellos me contaron anécdotas de lo que vieron y vivieron. Ese relato quedó ahí y con el paso del tiempo fui ahondando sobre la historia en aquella época y al final me lancé a escribirla. Tengo que decir que hay muy poco de su historia personal en concreto, ya que ni los personajes ni las situaciones son reales, pero sí creo haber conseguido plasmar el espíritu que ellos me transmitieron con sus relatos. Eso es con lo que realmente me quedo.

El delta interior es una novela costumbrista, pero también es una novela negra. ¿Cómo la definirías?
Creo que esa sería una buena definición: una mezcla de géneros. Mi propósito desde un principio era contar la historia de un crimen en la España rural en los años previos a la guerra civil. Claro que el lugar donde se desarrolla la historia encierra en sí mismo un pequeño universo que requería su propio espacio. Debía situar a cada personaje en el tablero y sugerir las motivaciones que les llevan a actuar como lo hacen. Por eso la primera parte de la novela tiene el pulso de un relato puramente costumbrista. Pero una vez que en esas primeras 40 páginas los personajes han echado a andar se desarrolla la acción en torno a un crimen que todos tratan de ocultar por diferentes motivos. Y es realmente con la aparición del cadáver cuando comienza la historia que quiero contar.

¿Por qué la elección de ese título?
He querido sintetizar en el título (“El delta interior”) ese entramado de intereses que rigen la vida en los pueblos pequeños, donde todos se conocen. Esos códigos de conducta tratan al mismo tiempo de permanecer ocultos a los ojos de la gente. Aunque suene a contradicción, es así, ya que todos acaban sometiéndose a ese dictado en silencio. Llevan la vida que les corresponde según el criterio de la costumbre y las normas impuestas. Es como el delta de un río: el agua transcurre por los cauces que marcan sus ramificaciones hasta llegar al mar.

Leyendo la novela he tenido la sensación de que esta historia merecería muchas más páginas para ser contada.
Eso mismo me han dicho otros. Me imagino que debe ser por mi dedicación durante años al cuento y al relato corto. He generado una serie de “vicios” en mi escritura ya que en estos géneros se tiende a la concreción, a la sugerencia, a la elipsis… Estos son atributos que en una novela no se dan tan a menudo. Es verdad que podría haber optado por llenar de páginas la novela, haber dado más información o desarrollado algunas de las tramas, pero creo que de esa manera la historia no habría alcanzado las cotas de intensidad que sí alcanza en los momentos culminantes. Y eso se logra cuando la novela tiene las páginas justas.

En el último capítulo de la novela se sugiere una posible continuación. ¿Tienes pensado escribirla?
Nunca se debe decir “de esta agua no beberé”, pero de momento no lo tengo en mente.

¿Cómo te llegó la información de este certamen literario?
Fue a través de una página web. Soy un concursante habitual y existen páginas en internet que informan sobre la convocatoria de certámenes literarios. Lo que me atrajo del certamen del Ateneo Cultural de Onda fue la posibilidad de ver publicada la obra ganadora. Esto para un escritor es fundamental, aparte de la dotación económica, que tampoco hay que despreciar.

Hemos visto que cuentas con una trayectoria muy relevante en cuanto a premios.
Es verdad que solo se ve lo bonito de los premios cuando se reciben. Haber ganado esos premios me ha servido para viajar prácticamente por casi toda España. Eso es impagable y lo que más me satisface. Pero lo cierto es que para conseguirlos hay que insistir mucho, muchísimo. Y de esa realidad no se suele hablar porque no es nada brillante, lo puedo asegurar. Pero viéndolo con la perspectiva del tiempo, (llevo concursando más de diez años) poniendo los "pros" y "contras" en la balanza, no puedo quejarme del resultado en absoluto. Al final la insistencia me ha llevado a conseguir los premios.

¿Cómo y cuándo te iniciaste como escritor?
Curiosamente fue porque no me sentía satisfecho con la vida que llevaba. Soy ingeniero técnico de telecomunicación, empecé trabajando en ese campo, pero vi que la vida que había escogido no me llenaba. Al mismo tiempo siempre me ha gustado la lectura y una forma de evadirme de esa parte no satisfecha de mi vida fue volcándome en los libros. Hasta que un día me decidí a contar mi propia historia. Fue como un juego. Poco a poco fue ganando sitio la literatura y la escritura y dejando un poco apartada mi faceta de ingeniero, que es apasionante siempre que seas bueno y tengas dedicación exclusiva, algo que en mi caso no se daba. Hasta que ya no pude compatibilizarlos y tuve que decidir. Dar ese paso en este mundo tan competitivo y materialista no es nada fácil: son muchas las decepciones que generas en la gente que tienes alrededor y muy grande la incomprensión ante tus justificaciones. Pero esa etapa ya pasó (fue hace 15 años), y ahora me siento más a gusto trabajando en algo que nada tiene que ver con mis estudios, ganando un sueldo más modesto, pero dedicando el mucho tiempo libre que tengo a lo que realmente me gusta, que es escribir.

¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto literario?
Estoy escribiendo una novela larga, que espero terminar para el año que viene. Aparte de los dos libros de cuentos que tengo publicados, tengo inéditos otros 2 manuscritos de cuentos y una colección de biografías ficticias, de la que me siento especialmente satisfecho. Pero todavía no se ha animado ninguna editorial a publicarme...

Espero que tengas suerte. Muchas gracias, Javier. Y enhorabuena.

viernes, 6 de mayo de 2016

La metamorfosis


“La metamorfosis” es probablemente la novela fantástica más leída desde que Borges la comentara y la descubriera para el resto del mundo en 1938, 14 años después de la muerte de Kafka, y por cierto, bastantes años antes de que en Francia se le diera el mérito que tiene. No es de Borges, sin embargo, la traducción que tradicionalmente se le atribuye, pues ya existía una, la primera traducción de la novela a un idioma extranjero, que se hizo en torno a 1925. Al margen de estas y otras paternidades, lo que sí debemos tener presente es la gratitud perpetua que debemos a Max Brod, el amigo/editor de Kafka, que desoyendo el deseo del escritor no destruyó a su muerte los manuscritos que tenía sin publicar. ¿Qué hubiese sido de la historia de la literatura si “El proceso”, “El catillo” o “Carta al padre” no hubiesen visto la luz? ¿Habría tenido la obra de Kafka la dimensión que se le da hoy día? Probablemente no… O tal vez sí, pues en “La metamorfosis” se evidencian muchas de las obsesiones que caracterizan la obra de Kafka. Lo iremos viendo poco a poco después de apuntar otros detalles formales que son interesantes, y que lo acercan más al cuento que a la novela.

Y lo primero que llama la atención es la contundencia con la que arranca la novela. Si alguien está acostumbrado a leer cuentos sabe que éstos suelen tener una fuerza y una precisión de las que carecen las novelas en general. No es nada habitual empezar una novela con este nivel de intensidad: “Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto. Hallábase echado sobre el duro caparazón de su espalda y, al alzar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas callosidades, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha, que estaba visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo”. Otro aspecto interesante de esta narración, que la hace muy buena para entender los rudimentos de la narrativa es la profusión de detalles palpables con los sentidos. Si nos fijamos con atención, en cualquier escena o secuencia intervienen la vista, el tacto, el oído… Kafka consigue mantener el interés del lector hasta el final, porque una vez presentada la situación inverosímil del protagonista convertido en insecto, nos lo hace cercano y creíble, lo hace carnal. Lo humaniza (algo importantísimo), porque además sigue pensando como una persona. Y ahí interviene la empatía del lector, que hace suya la angustia de Samsa y asiste en tiempo real a su dura batalla por aceptarse en su nuevo estado… Y por que los demás lo acepten.

Y este es el verdadero meollo de la historia. A Kafka no le interesa el motivo de la transformación. No se pregunta si un experimento científico, o tal vez una maldición ha intervenido en el extraño fenómeno. No es un planteamiento cientifista o sobrenatural el que le lleva a escribir esta historia, y que lo acercaría del campo de la ciencia ficción. A Kafka le interesa el drama que hay detrás, la angustia de un personaje que se ve fuera de la sociedad, que no puede comunicarse con nadie, que no lo aceptan como es, pese a sus esfuerzos.
El protagonista de la novela no está a gusto con su trabajo de viajante de comercio. Trabaja ahí porque se siente cohibido por sus padres. No se atreve a plantarles cara y decirles que esa no es la vida que quiere para él. La escena inicial en la que él está intentando incorporarse y no puede, pero oye la conversación entre el gerente de su empresa (que se ha presentado en casa) y los padres y su hermana, parece un debate en su propia conciencia: sabe lo que debe hacer, lo que los demás esperan que haga, pero no puede responder ni dar una explicación de su estado. Nadie lo ha visto pero no pide ayuda. Se siente preso.
Al final del primer capítulo se produce el encuentro de Samsa en su nuevo estado con su padre, que le hace frente con el bastón y un periódico, con el que pretende espantarlo. Llama la atención la forma de hacerlo: dando pisotones en el suelo y emitiendo un silbido especialmente desagradable para el protagonista, que antes de su metamorfosis ya ha experimentado. Es decir, parece querer decirnos que el padre no distingue a su hijo del escarabajo en que se ha convertido. Un tema recurrente, el choque con el padre, que es común en toda la obra de Kafka.

Un detalle interesante en “La metamorfosis” es la relación del protagonista con su hermana. Se establece un vínculo especial de comunicación con ella, que es quien lo mantiene conectado a la vida y al mundo. Como no puede hablar, se comunican con gestos, a distancia. Ella abre o cierra la ventana más o menos, desplaza los muebles para que él se sienta a gusto, pone o quita sábanas para que se pueda tapar.
Mediada la novela, la vida parece haberse estabilizado. Incluso su familia ha alquilado una habitación a tres huéspedes. Las tensiones, las angustias, todo aquello que ha generado un constante conflicto parecen haberse olvidado. Durante ese período nuevo dejan abierta un poco la puerta de la habitación de Samsa para que pueda ver lo que ocurre alrededor. Y lo que ve, es a su familia durante la cena, o leyendo el periódico, o enfrascados en tareas de costuras, mientras el padre duerme en el sillón. Pero es una situación engañosa. La vida se muestra apacible en apariencia, como si no pasara nada, como si no echaran de menos a Samsa, como si él no existiera.

Y con esta sensación abordamos el desenlace. Sólo comentaré que es clave la evolución de la relación que mantiene Samsa con su hermana, que al principio es de complicidad o como mucho de comprensión, o tal vez lástima (quizá obligada por ser su hermana menor); y luego se vuelve hostil: ella ya no aguanta más la farsa y propone a sus padres deshacerse de él. Cabe pensar que ha llegado a la edad adulta y por tanto ha endurecido su carácter. Ha entrado en la vida que sus padres quieren para ella. Debe casarse. La última frase de la novela parece corroborar la pesadilla: “Y cuando al llegar al término del viaje, la hija se levantó la primera y estiró sus formas juveniles, pareció cual si confirmase con ello los nuevos sueños y sanas intenciones de sus padres”.
¿Se convertirá ella en otro insecto?... Podemos pensar que sí.

domingo, 24 de abril de 2016

Noche en el Ateneo



El pasado 22 de abril tuvo lugar en la sede del Ateneo Cultural y Mercantil de Onda la presentación de las obras ganadoras de su LI certamen literario. Allí estuvimos José Luis García Herrera, poeta de Barcelona que ganó en la categoría de poesía con “El viajero en la niebla”, y un servidor, presentando mi novela “El delta interior”, que se alzó con el premio en el apartado de narrativa. Nada satisface más que poder mostrar a la luz el fruto de tantas horas de trabajo, sentado en silencio, tratando de dibujar un camino más o menos aseado por donde transite la narración. Pero como dice el clásico, ahora que al fin se ha plasmado en papel y ha echado a andar, este libro ya no es solo mío. La gente del ateneo (Fernando, su presidente, Carmen, Fina, Juan…) nos ha tratado con un cariño y una cercanía dignos de destacar, por lo que les estaré siempre agradecido.


El delta interior cuenta la historia de una familia durante varias generaciones, a través de los recuerdos del niño protagonista, que asiste a una serie de acontecimientos traumáticos que marcarán el futuro de la familia y del pueblo donde vive, allá en los años 30 de la España rural.
En esta historia hay sitio para la nostalgia por todo aquello que el protagonista debe dejar atrás, también para la amargura, la pérdida de la inocencia, el descubrimiento del amor… Y todo ello, lo he centrado en torno al misterio que encierra un crimen, que por una serie de intereses comunes, debe quedar oculto en la familia y en el pueblo.
Debido a este crimen, durante el desarrollo de la trama, el niño protagonista asistirá a una serie de cambios en las relaciones familiares y entre los vecinos, que acabará estallando en mil pedazos en vísperas del comienzo de la guerra civil… Y ya no cuento nada más, para que lean la novela si quieren saber cómo termina.
A modo de justificación del título, El delta interior, hace referencia a esa red de intereses, de jerarquías dentro de la familia, que se puede aplicar también a la sociedad en general, y que de alguna manera permanece oculto a los ojos de la gente.

La novela es en el fondo también una reflexión sobre lo voluble de los recuerdos que nos atan al pasado más lejano. Y sobre cómo estos recuerdos nos llevan a reconstruir una realidad que nunca llega a ser objetiva.  

jueves, 7 de abril de 2016

Annette Funicello



Annette Funicello fue otra de las estrellas que surgieron de El Club de Mickey Mouse, ese programa infantil legendario de la televisión americana durante la década de los 50 del pasado siglo. Destacaba como bailarina, pero su presencia permanente en televisión le llevó a probarse en la canción y, cómo no, también en el cine. De hecho, las imágenes que más perduran de Annette Funicello la muestran en traje de baño, su indumentaria principal en las películas que rodó a principios de los 60, junto al ídolo de adolescentes del momento, Frankie Avalon. Sin embargo, como cantante no consiguió arrancar del todo sin que le recordaran constantemente su paso por Disney o sus zambullidas en bikini, en esas comedias ligeras que hoy día nos sonrojan. Murió de esclerosis múltiple en 2013. Aquí la vemos con todo el esplendor de sus 20 años en una escena de la película "Beach party", cantando "Treat him nicely".