
Ahora que se acerca el momento de
conocer los finalistas del premio Setenil de este año, voy a recomendar la
lectura de este volumen de cuentos de Manuel
Pozo Gómez, “Violeta sabe a café”, editado por Premium Editorial. El libro,
(con buena tipografía de letra y una portada realmente atractiva), reúne nueve
cuentos que han sido premiados en diferentes certámenes de relato corto,
algunos de ellos de bastante relevancia como el “Cuentos sobre Ruedas”, “Puente
Zuazo”, “Villa de Iniesta” o el “Federico García Lorca”. Son historias
ambientadas en entornos bélicos, o bien se desarrollan en tiempos de paz, pero
con el poso que dejan los conflictos en cualquier época y lugar. Con una prosa
sencilla, sin artificios ni alharacas, con una buena cadencia y fluidez narrativas,Manuel Pozo nos demuestra que con estos
mimbres se pueden trazar muy buenas historias porque sabe cómo construir
personajes y dotarlos de gran humanidad, con perfiles diferentes y complejos. Y
porque un buen cuento ha de sostenerse en los detalles, (aspecto éste que todo
buen cuentista debería tener siempre presente), Manuel Pozo pone especial atención en esos instantes, esos gestos,
en una palabra o una mirada, en una pequeña nota manuscrita, en definitiva en
esos pequeños detalles que sirven para elevar la tensión dramática y conducirla
hacia un desenlace que tiende más bien a abrir una rendija a la esperanza. Manuel Pozo se empeña con estos cuentos
en convencernos de que merece la pena seguir confiando en el ser humano, que
alberga en realidad un buen fondo, pese a los muchos precedentes que a lo largo
de la historia se han encargado de llevarle la contraria, guerra tras guerra.
Conocí a Manuel Pozo Gómez gracias a un certamen literario celebrado en
Villalar de los Comuneros, en 2014. Ya entonces llevaba una trayectoria exitosa
que le había reportado un buen puñado de importantes galardones por toda
España. Le pregunté por curiosidad si no estaba interesado en reunir sus
relatos en un volumen. Y me sonrió, entre humilde y pudoroso, tal vez pensando en
lo inalcanzable de ciertas quimeras, o en que quizá ya se sentía satisfecho con
el reconocimiento de los diferentes jurados. Pero supongo que como el buen
vino, los libros de cuentos requieren de tiempo para madurar. Claro que sin
vendimiadores que los recolecten, como Premium Editorial, se condena a buenos
caldos al limbo de lo que podría haber sido y no fue, como sucede con demasiada
frecuencia con los libros de cuentos.
Afortunadamente no es el caso de
“Violeta sabe a café”, libro que hay que catar despacio, sin prisas, como el
buen vino, para apreciar las historias con todos sus matices. Como el relato
que da título al volumen, el más corto pero no por ello menos intenso, con ese
giro final, una última frase, que
emociona. O “Endika”, enmarcado en la guerra de los balcanes, que es uno de sus
mejores relatos y acaso el más descarnado. Destaco también “Sin goles en el
frente”, donde narra un frustrado partido de fútbol, en una especie de tregua,
entre los dos bandos que se enfrentan en las trincheras durante la guerra civil
española. Y “La fuga del 23 de diciembre”, una trepidante historia que cuenta
la huida en autobús de un grupo de personas que quiere cruzar a la parte
occidental del muro de Berlín en vísperas de navidad. Es un relato de un ritmo
vertiginoso y en el que se palpa una tensión creciente hasta el final. Cierra
el volumen “Los ojos de Endika eran verdes”, un relato que amplía la historia
que cuenta en “Endika”, con un estilo diferente, y donde prima la intriga en
una investigación periodística que introduce otros temas de interés, como la
inmigración ilegal o la prostitución, derivados de los conflictos bélicos; o
ese otro asunto no menos interesante que se refiere al duro regreso a casa de
los soldados desplazados en misiones internacionales y sus secuelas
emocionales. Un relato magnífico que me hubiera gustado escribir a mí y que
daría para una buena novela. De hecho es el más largo de la colección.
No sé lo que decidirá el jurado
de este año del premio Setenil. Es muy difícil colarse entre los 10 finalistas,
siendo 117 los candidatos de esta edición. Pero en realidad no importa: lo
consiga o no, “Violeta sabe a café” es un libro totalmente recomendable, y Manuel Pozo Gómez un escritor que sabe
captar con su mirada la grandeza y las miserias de la condición humana. Denle
una oportunidad. No se arrepentirán.