martes, 11 de diciembre de 2012

Mitty Collier



Como casi todas las cantantes negras americanas de la época, Mitty Collier empezó cantando góspel en la iglesia. Con 18 años llamó la atención de Chess Records al ganar un premio de jóvenes talentos en el Show de Al Benson. Así, durante la década de los 60, grabó con la discográfica Chess 15 singles, escritos la mayoría por Billy Davis, de quien ya hemos hablado aquí. En 1964 grabó su mayor éxito, “I had a talk with my man”, canción que luego versionó Dusty Springfield, Shirley Brown o Vaneese Thomas entre otras. Nunca dejó su vínculo con la iglesia y ya en los 70 se interesó en los estudios bíblicos hasta hacerse predicadora. Incluso llegó a ser ordenada pastora de la iglesia de Chicago. Aquí la tenemos, a todo color, con 23 años, con un chorro de voz y una presencia contundentes y aliñado con un vestido rojo ceñidísimo (¡Mnmm!)… Grandísimo blues. Ya no se hacen canciones así. Qué pena. 

lunes, 19 de noviembre de 2012

De las Checas de Barcelona a la Alemania Nazi (Veinte años de una vida)


            El acantilado nos ofrece con este título un libro de memorias que se podría encuadrar en la llamada literatura del exilio. En su caso, Otilia Castellví (Gijón, 1907 -Canet de Mar, 2000) no sólo sufrió el exilio al salir de España poco antes de terminar la guerra civil, sino que iba a seguir sufriendo sucesivos exilios de los distintos países europeos por los que deambuló, y de los tuvo que huir antes de establecerse definitivamente en Venezuela a mediados de la década de los 40 del pasado siglo. Hay muchos ejemplos a lo largo de la historia de testimonios verdaderamente estremecedores, vividos por sus protagonistas que cuentan en el fondo la capacidad del ser humano para infligir dolor y al mismo tiempo la capacidad de superación, si no para sobrevivir a él, sí al menos para exponerlo públicamente. Algo que ya de por sí es un paso importante. Este del que hablamos, “De las checas de Barcelona a la Alemania nazi” es además un testimonio de una intensidad que emociona.
            Otilia Castellví trabajó como modista en una empresa textil de Barcelona, un sector industrial de los más importantes en la Cataluña de esos años. Estamos a finales de la década de 1920, época de constantes algaradas anarquistas, huelgas de obreros y reivindicaciones nacionalistas. En medio de ese ambiente, Otilia Castellví sintió desde muy joven la necesidad de participar de forma activa en la política, lo que la llevó a afiliarse al Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM). Como ella misma confiesa, no lo hizo por una aspiración política de ocupar puestos dentro del partido, sino por pura bisoñez idealista. Con ese espíritu libertario participó en la fallida revolución del 34 y en huelgas y otras acciones más contundentes, (como la toma de edificios oficiales), que tenían como objetivo poner contra las cuerdas al gobierno legítimo de la república.
            En “De las checas de Barcelona a la Alemania nazi”, Otilia Castellví no ofrece un testimonio de adoctrinamiento político (lo que es de agradecer), sino un libro de memorias donde relata los hechos que vivió y cómo le afectaron a ella y a su entorno. Sin embargo, a lo largo del libro sólo hay un pasaje en que se salta este guión y hace una especie de ajuste de cuentas político: es el que hace referencia a la depuración del POUM por parte de agentes soviéticos al inicio de la guerra civil por no someterse a la línea estalinista. Otilia Castellví fue encarcelada por ello en las checas de Barcelona junto a muchos de sus compañeros de partido, mientras sus dirigentes, como fue el caso de Andreu Nin, fueron ejecutados. Un episodio, el asesinato de  Nin, que ha sido tratado por Ignacio Martínez de Pisón en su obra “Enterrar a los muertos”, libro de lectura obligada según palabras de Rosa Montero.
Además Otilia se lamenta de la falta de apoyo de las democracias europeas a la causa republicana, mientras el bando nacional sí contaba con la ayuda de Alemania e Italia. Tras pasar gran parte de la guerra encerrada en las checas, Otilia consigue finalmente salir de España hacia Francia. Pero lo que le aguardaba al otro lado de la frontera iba a ser una lucha desesperada por la supervivencia que parecía no tener fin. Nada más llegar fue recluida en el campo de concentración de Argeles, en la costa francesa, rodeada de inmundicia, de enfermedades y muerte. Su condición de extranjera hacía casi imposible su vida fuera del campo de concentración y de eso se queja amargamente Otilia Castellví: los franceses (como nación y como personas) les dispensaron a los refugiados españoles un trato humillante y vejatorio. Pasó después varios meses en la cárcel de Dijon simplemente por ser extranjera y huyó en una peripecia que la llevó a refugiarse en el barrio portuario de Lyon, en compañía de braceros, contrabandistas y prostitutas. Allí encontró el apoyo y el calor de otras personas que, como ella, se sentían proscritas en una Francia inquieta por la inminente ocupación nazi. Poco a poco fue habituándose a vivir en la clandestinidad, sobreviviendo con trabajos esporádicos y siempre en permanente huida junto a un compañero del partido con quien se encontró en su periplo. De Francia pasaron después a Luxemburgo con un pasaporte falsificado, al amparo de una familia judía; y más tarde a Alemania, gracias al contacto que Otilia aún mantenía con una alemana, amiga de su familia desde hacía varios años. Allí vivieron en primera persona los bombardeos de la aviación aliada en los momentos más duros de la 2ª Guerra Mundial. Una vez terminada la guerra regresaron a Francia con la esperanza de rehacer sus vidas y de volver pronto a Barcelona, un sueño que Otilia Castellví no había abandonado desde que huyó de las checas. Pero de nuevo, pese a un horizonte que ya se vislumbraba sin guerras, volvieron a sufrir su condición de extranjeros, condenados a ser personas de segunda. Ante este panorama y en vista de que en España la dictadura de Franco no había hecho más que empezar, decidieron huir a Sudamérica, donde se establecieron definitivamente.
Durante toda la narración la autora desliza varios guiños a su amor por la naturaleza, lo que ayuda a distender un poco el tono desgarrado de su vida. Desde joven, ella era muy aficionada a las excursiones al aire libre, e incluso en los momentos más dramáticos, (como cuando están intentando ponerse a salvo de los bombardeos aliados en Alemania atravesando un bosque), no desaprovecha la ocasión de admirar la belleza del paisaje. El libro se cierra con un epílogo escrito por su hijo, donde cuenta brevemente la vida que llevaron sus padres desde que se establecieron en Venezuela en 1946. El deseo de Otilia Castellví de regresar a su querida Barcelona pudo más que las dificultades que podría encontrarse en la España franquista. Otilia regresó en 1959, dejando atrás a su marido y aparcando sus devaneos políticos de juventud.
Estas memorias, “De las checas de Barcelona a la Alemania nazi”, que ya tenía listas a principios de los años 80, no verían la luz sin embargo hasta casi 15 años después. Habiéndolas leído de un tirón, con el corazón en un puño y en muchos momentos con un nudo en la garganta, uno no se explica por qué hubo reticencias de algunos editores en que esta historia se diera a conocer. ¿Por qué se deben hurtar a los lectores estas memorias? ¿Qué hay de malo o incómodo en ellas? 
Esta lectura debería ser obligatoria en los institutos. No digo más.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Clara Obligado gana el IX Premio Setenil


El jurado del IX Premio Setenil al Mejor Libro de Relatos Publicado en España 2012, reunido el día 30 de octubre, ha acordado conceder el galardón a Clara Obligado por su libro El libro de los viajes equivocados, publicado por la editorial Páginas de Espuma. El jurado, compuesto por Cristina Fernández Cubas, José María Pozuelo, Antonio Lucas y Manuel Moyano, eligió este libro de entre los 58 que se han presentado.
El Premio Setenil, convocado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Molina de Segura, tiene una dotación de 10.000 euros. El acto de entrega tendrá lugar el 11 de diciembre de 2012, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento.

Nacida en Argentina en 1950, Clara Obligado vive en Madrid desde 1976. La gran aportación (aparte de su obra) de esta licenciada en literatura y alumna de Borges, es que fue pionera en España de los talleres de escritura creativa. Un tipo de escuela que hasta entonces en España no se conocía.

En El libro de los viajes equivocados nos presenta una colección de once relatos que pueden leerse de manera autónoma, pero que están unidos entre sí por vasos comunicantes. La migración o el destierro son algunas de las formas de viaje contempladas en este libro, cuyos personajes ven cómo el azar dibuja sus vidas. En palabras de la autora, la obra ganadora “habla de los tiempos difíciles que nos toca vivir a través de un viaje por la historia europea”.

Sin duda un libro muy interesante.
Mi más cordial enhorabuena, Clara.

miércoles, 17 de octubre de 2012

En la redacción


Si hacen repaso de mi actividad diaria, verán que trabajo con honestidad. Me levanto a las siete de la mañana y voy a la redacción. Allí nos reunimos todos los compañeros para repartir el trabajo de la jornada. Después, cada uno se hace responsable de la tarea asignada y sale a cubrir la información al detalle. Y a última hora de la tarde regresamos al periódico para dar cuenta a los lectores de las últimas noticias del día en una primera edición.

Ser cronista de la sección de sucesos no es nada fácil. A una mente clara y despierta hay que unir ciertas dosis de elocuencia que permitan adornar las historias sin que los artificios queden a la vista de los lectores.

Esta mañana me ha tocado visitar una joyería. Después de desvalijarla y de asesinar a su propietario, he borrado las huellas, he destruido la grabación de la cámara de seguridad y he enmascarado el crimen como sólo un profesional de las mafias sabe hacer. Por último, ya en la redacción, he introducido ciertos elementos pasionales en el relato de los hechos, tan en boga en los tiempos que corren.

Mañana redactaré un nuevo suceso. Les aseguro que no es nada fácil.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Finalistas del Premio Setenil 2012

El ayuntamiento de Molina de Segura ha hecho pública la lista de los 10 finalistas que optarán al premio Setenil al mejor libro de cuentos publicado en 2011.
Entre los finalistas hay varios escritores con mucho peso (Aramburu, Hidalgo Bayal, Neuman, Obligado, Peri Rossi). Y otros que no teniéndolo aún, pese a llevar ya varios libros publicados, han visto recompensado su trabajo: Fernando Palazuelos (por 2º año consecutivo), Miguel A. Zapata, José Mateos...

Llama la atención este año que hay 3 editoriales (Tusquets, Páginas de Espuma y Menoscuarto) que optan al premio con dos candidatos.
Pero como nada está decidido (o sí, según otros), habrá que esperar.
El jurado fallará a finales de octubre.

Suerte a los elegidos:

1.- "El vigilante del fiordo", de Fernando Aramburu (Tusquets); 2.- "Conversación", de Gonzalo Hidalgo Bayal (Tusquets); 3.- "Los caníbales", de Iván Humanes (Libros del Innombrable); 4.- "Historias de un dios menguante", de José Mateos (Pre-Textos); 5.- "Hacerse el muerto", de Andrés Neuman (Páginas de Espuma); 6.- "El libro de los viajes equivocados", de Clara Obligado (Páginas de Espuma); 7.- "Calle Aristóteles", de Jesús Ortega (Cuadernos del Vigía); 8.- "Geometría del azar", de Fernando Palazuelos (Baile del sol); 9.- "Habitaciones privadas", de Cristina Peri Rossi (Menoscuarto); 10.- "Esquina inferior del cuadro", de Miguel A. Zapata (Menoscuarto)

viernes, 14 de septiembre de 2012

Un soplo de aire



El viento sacude a capricho las lonas que cubren las terrazas de los edificios. Mueve las hojas de los cañaverales y moldea paisajes en la arena de la playa, en un perpetuo devenir.
Aquel viento es el mismo que, siendo un niño, sintió por vez primera sobre su piel cuando bajó a la playa para ver en las barcas los peces recién sacados de las redes. Aún recuerda ese rumor constante del aire que acompaña a su lento caminar sobre la arena, al rugir de las olas en perfecta comunión con el viento, al olor a crudo, a sal, a vida y a mar. Se diría incluso que es el viento quien arrastra la sucesión de los días y las noches.

Por eso no puede huir de él. Sabe que ya forma parte de su alma.

Ahora se encuentra sentado sobre el poyete del paseo, de espaldas al mar. Esa mañana ha permanecido en tierra, no ha salido a faenar con los demás. Hace memoria: en 30 años de profesión sólo ha tenido que dejar su barca sobre la arena unos pocos días, quizá 25, puede que 30. Recuerda entonces la furia de ese temporal de levante de hace 10 años, o aquel día de primavera en que un enorme pez espada cayó entre sus redes, y que no pudiendo aguantar su fuerza descomunal, segó, al ceder, dos de sus dedos. O los días de angustia que siguieron a aquel en que un tío y tres de sus primos se adentraron una noche en la quietud de la niebla y se perdieron para no dejar de ellos más rastro que su recuerdo.

Sentado allí, repasa ahora estos y otros pasajes mientras sostiene entre sus manos ásperas de salitre un pedazo de papel. Aún no se cree lo que puede conseguir con él. Tantos años entregados al trabajo duro, poniendo en juego su vida, para sacar adelante la de los suyos, y tiene que ser un papel pequeño con unos números impresos lo que abrirá las puertas de un mundo nuevo.
Pero un soplo de aire levanta arena de la playa en pequeños remolinos y llegan hasta el hombre, que para protegerse abre las manos y cubre su cara. De un salto se pone en pie y abre los ojos esperando encontrar el papel. Pero ya es tarde, no sabe que el viento arrastra el boleto premiado a través de la playa. Ahora el boleto sube y baja las pequeñas dunas de arena, salta grácilmente las piedras, se aleja más y más, hasta ser engullido por las olas, perdiéndose entre la espuma del mar, y esfumándose también con él los sueños vanos de una vida regalada.

Al día siguiente volvería a la rutina de una vida que no tendría por qué cambiar después de 30 años entregado a ella.

Al día siguiente se levantaría a las cuatro, arrastraría su barca hasta la orilla, orientaría el timón mar adentro, echaría las redes y regresaría a casa.

Al día siguiente, seguiría soplando el viento.



viernes, 31 de agosto de 2012

Sandy Posey



Cantante country, (no podía ser de otra manera siendo blanca y habiendo nacido en Alabama), se la comparó en su época con Skeeter Davis, de quien hablaremos próximamente. Con su primer single fue disco de oro al vender más de un millón de copias. La carrera de Sandy Posey ha estado ligada de alguna manera a Elvis Presley. Además de poner voz de fondo al gran éxito de Percy Sledge, "When a man loves a woman", hizo los coros en varios de los conciertos del Rey. Y como guinda, se casó con Wade Cummings, el más perfecto imitador de Elvis de la época... y hubo muchos.
A partir de mediados de los 70 y sin olvidar su raíz country, dotó a sus canciones de un contenido espiritual, tras abrazar la religión cristiana. Aquí la vemos en 1967 cantando para la televisión alemana su mayor éxito, "Single girl", una canción que habla de lo sola que se siente sin un hombre que la ame dulcemente y no la engañe, y que esperará hasta encontrarlo… En fin, lo bonito del amor.

Que la disfruten.